Que le jodan al caballito de mar [Elio E. Turner]

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Que le jodan al caballito de mar [Elio E. Turner]

Mensaje por Elio E. Turner el Mar Nov 15, 2011 2:48 pm

Elio E. Turner



Nombre Completo:
Elio E. Turner
Edad:
27 años
Fecha de Nacimiento:
No conocida
Ciudad Natal:
Manhattan
Orientación Sexual:
Hetero
Raza:
Demonio
Don:
Atracción y control sobre las personas.
Ocupación:
Empresario
Posesiones Personales:
Un colgante con forma de Caballito de mar


Descripción Física
Es un chico fuerte y robusto, o quizás uno más, con los ojos de un color azul muy claro, pero cuando algo le ciega de ira se vuelven completamente negros. Aparentemente es un vividor, pero pasa desapercibido aunque su mirada es misteriosa, como que esconde algo. De movimientos tranquilos, calculados y una pose con clase.
De estatura medio, lo justo, tiene 27 años aproximadamente, no lo sabe con exactitud, pero cree tener 27 años, y cada uno de siempre se suma uno más. De pelo castaño claro, aunque en verano se le aclara bastante con el sol, después tiene un tatuaje en cada tobillo “Free”-“Live”, es un chico apuesto como he dicho antes, aunque puede convertirse en un hermitaño, aún así sería un chico atractivo, va en la sangre.
Spoiler:



Descripción Psicológica



No es un tipo de fiar a primera vista, pero quizás más de lo que algunos creen. Aunque tiene una actitud borde y descara en cierta ocasiones, todo le viene de atrás, por un vida marcada por la lujuria y el desorden, y todo ello le ha llevado a convertirse en un tipo frio, por lo menos aparentemente para el resto de personas. Parece que en su mirada no haya esperanza, a veces no cree en ella, pero porque sabe que la vida es pu** y que hay que ser un putero para sobrellevarla.
Aun con esto es un tipo tranquilo, valiente y con carácter. Puede llegar a ser romántico, pero también obsceno como la literatura sucia. Dice las cosas como son, sin complicarse. Le gusta que se den cuenta de que no tienen ni pu** idea sobre él y que se arriesguen a conocerlo, y entonces seguramente no pase de página y esa persona le llegue a conocer para toda la vida.

Que a veces haya amor, porque en ello cree, aunque parezca que no, muy dentro de él hay un resquicio en el que cree en el amor, pero eso sí, no cree en las personas. Le gustan las mentes inteligentes, con quien poder mantener una conversación, aunque también le gusta que la persona sepa cuando tiene que callar y dejarle tranquilo. Ante todo vive su vida, y se olvida del resto. Conoce el mundo, la calle, sabe lo que es vivir y marcarse las venas, lo que es hacerse pasar por loco, mostrar algo que en el no es verdadero, algo que quizás solo un dios pueda juzgar.




Gustos:
La música, la diversión, la tranquilidad.
Disgustos:
Las traiciones, la mentira.
Virtudes:
Su palabra.
Debilidades:
El sentimiento
Hobbies:
La música, la cultura, la historia.

Otros:
Su mayor temor, es volver a vivir como un demonio.


Historia







“Antes solo sentía náuseas y dolores de cabeza, y los tenía tirados allí como unas estrellas famélicas. Mi cabeza no pensaba mucho, ni siquiera en uno mismo, lo sabía, pero me gustaba hablar con ella. Los impulsos y los sobresaltos, aspirar el humo de las noches y acabar dejando hasta el nexo con los míos, antes sabía descifrar un verso, apagar tormentas y ponerle un nombre a la tristeza, pero ahora ya ni eso.”

Se te va el corazón, me dijo el doctor. Salí de la consulta pensando en que era un día más de mi insulsa vida en un lunes bastante frio. Supongo que aprendí más de lo que quería, y que seguí sin ser lo que algunos esperaban, un humano; por eso se me iba el corazón. A ella la conocí de casualidad, en un cruce de miradas o en una fragancia. Que pase la siguiente! decía, por entonces había tocado fondo varias veces y eso es lo único que no hacía falta que nadie me pidiera, que alimentara mis lágrimas a base de cabezazos contra la pared. Yo me espabilaba solo, por aquel entonces no me servía de nadie, cuando ella se fuera, entonces me quedaría con su recuerdo y un entierro sin juicio es lo que podría darle a mi soledad.

Cuando salí a la calle abrí el paraguas, como se abre el mundo a los ojos de un niño, y apagué el cigarro. Entonces se apagaron las luces del puerto, faros del mar de los borrachos en las hojas de Bukowsky, el único lugar en el que supe arrinconarle como la sala de espera del manicomio en un domingo triste. Eran tiempos de dejar la tristeza en el borde de la cama, de hacernos daño y hacer tripas corazón cuando algo no saliera bien, porque entonces hay un momento en el que el corazón se para, y aunque toca a la puerta, lo asfixias contra la almohada esperando que deje de latir.

Las cosas en casa no funcionaban bien, hacía tiempo que vivía solo.

Aquella mañana después de salir de la consulta, la vida tenía poco sentido, había acudido a la consulta a ver si mi corazón latía como el de un humano, pero no, todavía no.. había vivido al límite, entre historias, dramas y sus tragedias. Había que sobrevivir, y poco me importaba lo que pensaran de mí, la vida era siempre un cúmulo de circunstancias en las que se te dan unas limitaciones y unas ventajas, y tu solo tienes que saber dónde está el límite. Por aquella época pocos amigos de verdad quedaban, la amistad se basaba en el interés y en la necesidad, habían baches en la vida que no podías evitar, y durante aquella época la vida apretaba y cada vez tenías más veneno en las venas. Pasaron las horas y los días como una condena, me había planteado volver a la consulta y decirle al médico que me hiciera un transplante de corazón, parecía estúpido, pero quería volver a ser un humano, hacer cosas de humanos y encontrarla a ella.


…………………………………………….

[ 3 meses antes]

La habitación era de color blanco. No había nadie allí excepto yo. Aquellos señores de bata blanca me habían dejado en aquella habitación después de ponerme una inyección y su suplemento. Durante un tiempo, el paso de los años me había hecho devorar libros, como mujeres, y yo había tirado por el retrete aquellos últimos años de torpeza extrema por culpa de tabernas tristes, drogas y recuerdos prohibidos. Pero todo aquello lo recordaba en cuanto apenas, solo tenía una leve imagen de los últimos cuatro años. Todo aquello parecía un sueño, digno de un esquizofrénico, no sabía cómo había llegado a aquel lugar, a aquel extremo. Aquellos recuerdos nulos me habían hecho dejar ir todo aquello que seguramente no podía tener, cosas que ya nunca volvería a conseguir, y había pasado a quitarme las penas con pechos de silicona, a no entender cuál era mi pasado. Pero todas aquellas imprudencias me estaban empezando a pasar factura en un camino de destinos rotos.

Hacía un año de aquel suceso, y me había retirado a vivir en una casa al lado de la playa, rozaba la marea con los pies y nunca cerrábamos las persianas. Sol, aire fresco y arena por todos los muebles. De mi pasado por entonces sabía poco, verdaderamente tenía imágenes de golpes, de peleas o algo similar, del frio del invierno, el verano y sus sentimientos, pero guardaba bajo la cama algunas cartas, escritos y docenas de fotos de fotomatón. Pero no recordaba ciertos momentos de mi vida si no es que los había escrito antes, y aquello era lo único que había podido salvar de mi pasado. Aunque de vez en cuando las fragancias me hacían recordar alguna imagen de mi otra vida, y a ella, pero no tenía ningún nombre. Recordaba algunas recetas de cocina, y los golpes antes de levantarme sacudiéndome el polvo, y como había seguido como si no pasara nada. Había tenido una vida de destierros y suicidios de acantilados, nada me había importado más que el arte, y parecía que entonces era tiempo de sonreírle al sol, de constelaciones en una sonrisa y de oler a tierra mojada.

Por las mañanas me levantaba pronto, como siempre, y ponía mi vida en modo phone, por entonces no había visitado de nuevo aquella habitación blanca ni sus escalofríos, parecía que aquellos hombres se habían encargado de borrarme la memoria por completo y quería que siguiera así. Todo se veía de otro modo y color, los pesqueros cruzando las rocas y a aquellos tipos de barba y grasa en las manos deseando estar llegando a casa.


– Parece que lo hagas sonar para que vuelva a casa, como si fuera un faro.. ¿me escuchas? Escúchame! Eres rastrero, vives en un mundo aparte, por eso te escondes en esta casa de verano, para que no te encuentren ¿verdad? Y yo aquí como una veinteañera volviendo a tus brazos. Deberías de estar con una puta que no escarbara en tus recuerdos. Algún día el cielo dejará de llorar y te darás cuenta de lo que has dejado atrás. Lo malo es que haces que sonría con cualquier gilipollez, como esta, y por eso no puedo enfadarme. Y me tendré que ir antes de que vuelvas a hacérmelo..

Los marcos de la puerta gruñeron cuando cerró la puerta de un golpe. Era la mujer perfecta, inteligente, retorcida, suicida y no le hacía falta maquillarse. Pero como otras tantas, ella estaba cuando la necesitaba, por doquier entre sus piernas, podíamos intercambiarnos el alma y además sabía bien como había descargado el fusil de los sueños. Como otras tantas. Pero a diferencia del resto por aquel entonces era a la única persona que me escuchaba. De ella me quedaba una vida y la tesis doctoral de su cuerpo, había sufrido durante el tiempo que la había conocido por culpa de sus recuerdos, y me había hablado de su pasado entre hombres ricos y adolescencia a los cuarenta. Por todo eso yo la envidiaba y la apreciaba, porque recordaba su pasado, al menos su infancia. De vez en cuando desaparecía entre silencios y aeropuertos, la dejaba respirar, y cuando volvía siempre estaba allí, esperando a que le contara algo sobre mi pasado y aunque bien sabía que nunca estaríamos juntos y que nunca lo recordaría, me había demostrado que siempre hay alguien dispuesta a esperar. Ella tenía un lado oculto, desaparecía y nunca me explicó que hacía en sus escapadas, tampoco quería saberlo, pero en aquellos tiempos no debería de ser nada normal.

Un día desapareció de todo lugar, y no volví a saber de ella. Nadie la recordaba, menos yo dentro de mí, y nunca volví a verla desnuda por la mañana en la cama, con un café y un libro en la mano. Constantemente me había acostumbrado a todo aquello, a tener a alguien al lado con optimismo, pero quizás tuve demasiada esperanza de ver en sus ojos la constelación de su sonrisa. Cuando desperté, había dejado de leer palabras de su libro, de escuchar la vieja cadena de mi vida y de sumergirme en cada imagen. La habitación blanca de las caras largas, de las sombras que no se dejan ver, parecía que me había castigado, castigado por vivir en un mísero pasado que no recordaba, inconcluso e incompleto y a ella se la habían llevado, como mis recuerdos, los hombres de bata blanca y su desdichada terquedad. Aún así le hacía versos de amor, aunque parecía estúpido, pero necesitaba saber que aquello lo podría volver a recordar, aunque fuera en pequeñas dosis.


…………………………….

[14 meses antes]

Después de aquello cuando la luz entró tímidamente por los únicos resquicios de la persiana sólo tuve tiempo de gritar ¡A mi tío Sam, que los arrollo!. Aquellos destellos de luz golpeaban mi cabeza como si alguien me estuviera pateando desde mi pubertad y todavía no se hubiera cansado. Sonaban golpes y campanas, cuchillas afilándose por los exteriores de mi cabeza fsssss fsssss arriba y abajo, delante y atrás... alguien estaba gozando mi resaca como un perra y sonaban los gritos y los fustigamientos desde mi medio sueño adormecido hasta el precipicio de esa cama donde prácticamente yacía muerto. Ni siquiera podía abrir los párpados. El cansancio se había apoderado de mi, las fuerzas estaban en rebeldía, mis casi veinte años se habían dejado seducir a plomo y lo único que podía hacer era observar aquella escena desmoronándome en la almohada y suplicando que apagaran esas luces.

Por la persiana entraban los gritos y la luz del barrio, sencillamente sabía lo que estaba ocurriendo allí pero para entonces ya estaba despierto, haciéndome un café con leche y demostrándome que los somnolientos aguantan más que los adolescentes compungidos. La casa daba asco. Botellas por el suelo, sabanas deshechas con aquellas dos mujeres tiradas en la cama, ceniceros llenos de mediocridad y un olor a alcohol besando las persianas que era insoportable. Había ropas viejas almacenadas en el sofá y una papelera volcada llena de papel higiénico y colillas. Hojas escritas por toda la habitación, vinilos por el suelo, y unos ojos a mí lado por los que viene la muerte con cadena perpetua a su cuerpo. No quise imaginarme como había acabado aquella noche pero no era muy difícil adivinarlo.

Cada vez había más gente en la calle, suponía que en aquello comenzaba a preocuparme, pero la gente acostumbraba a alternar las drogas con las copa. Yo estaba tirado en el núcleo de la vida, allí donde jamás se retrocede si no es para escupir soledad o adicciones. Había visto pasar la última década, en tres vidas diferentes, y atado a un tren en marcha, con ganas de que todo aquello hubiera sido un mal sueño. Llevaba casi una vida drogándome, ignorando con que sabor vendría el infierno y cuantos grados podría hacer al otro lado de la puerta. Soñaba alto para que la caída tardara en devolverme, así que era hora de encontrarme.

Aunque seguramente no lo hubiese pedido en uno de los tres deseos de algún genio de mala muerte, aquella madrugada me crucé la muerte, al salir de casa en busca de un poco de aire puro, mientras fumaba un cigarrillo unos gritos desde el callejón hicieron que me acercara a ver qué sucedía, no tardé mucho en ver la escena, unos demonios estaban abusando de una chica, mi reacción fue diferente a todo, me lancé contra aquel espécimen de dos metros, de aquello recuerdo como aquella chica asustada corrió buscando una salida a un lugar donde poder estar a salvo, yo me recuerdo fuera de todo, luchando por no perderme dentro de mí, por no delatarme y arruinarme en una nueva vida que seguramente no debería de andar, pero entonces caí, los demonios no iban a por la chica iban a por mí, me habían encontrado y ahora recibiría mi castigo por todo el mal que había provocado, "Adiós vida insana dentro de unas horas no te recordaré." .


Familiares: No los recuerda.
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Re: Que le jodan al caballito de mar [Elio E. Turner]

Mensaje por Mahia E. Hamilton el Mar Nov 15, 2011 2:52 pm

¡Ficha Aceptada!
Bienvenido al Foro.


Última edición por Mahia E. Hamilton el Mar Nov 15, 2011 3:08 pm, editado 1 vez

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Re: Que le jodan al caballito de mar [Elio E. Turner]

Mensaje por Elio E. Turner el Mar Nov 15, 2011 3:01 pm

Bienvenida no, bienvenido al foro Smile
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Re: Que le jodan al caballito de mar [Elio E. Turner]

Mensaje por Mahia E. Hamilton el Mar Nov 15, 2011 3:08 pm

jaja Lo siento es que para hacerlo más sencillo edito y pego, ya lo cambio.

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Re: Que le jodan al caballito de mar [Elio E. Turner]

Mensaje por Elio E. Turner el Mar Nov 15, 2011 3:12 pm

Estás perdonada, solo era para cruzar unas palabras contigo Smile
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Re: Que le jodan al caballito de mar [Elio E. Turner]

Mensaje por Mahia E. Hamilton el Mar Nov 15, 2011 3:14 pm

*-* vrlewvnwlnl *-* un gusto Cool

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Re: Que le jodan al caballito de mar [Elio E. Turner]

Mensaje por Elio E. Turner el Mar Nov 15, 2011 3:36 pm

Igualmente Smile

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Re: Que le jodan al caballito de mar [Elio E. Turner]

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